“No preguntes qué puede hacer por ti el equipo. Pregunta qué puedes hacer tú por él”, Magic Johnson.

Era el evento más importante de mi primer trimestre del año y la fecha llevaba marcada a fuego desde hace varios meses: 11 de marzo - Marató de Barcelona. No ha sido mi maratón más rápida pero, sin duda, ha sido la más especial. 

Culpa de esta sensación es el fin de semana que hemos pasado juntos (casi) todo el equipo FrontRunner. Cuando uno se pasa dos días seguidos compartiendo sueños, retos, miedos y bromas con un grupo de tal calidad humana sólo pueden pasar cosas buenas. Da igual que estuviéramos calentando piernas en la Breakfast Run del sábado, haciendo el mono en el shooting, despertando esas mariposas del estómago a la hora de recoger el dorsal, curioseando en las oficinas de Asics, hinchándonos a pasta como mandan los cánones o comentando las impresiones de la carrera en la última comida del domingo. Da igual. Hemos disfrutado al máximo cada momento, como un equipo.

También la hizo especial el apoyo que tuvimos los que corrimos por parte de los que no la corrieron entera. Algunos de los compañeros animándote por las calles de Barcelona, otros poniéndose hombro con hombro a tu lado y acompañándote por tramos. Y después esta ese número, esa cifra que dejó de ser maldita para ser una bendición. Kilómetro 32. Pleno muro. Para todos los que estuvisteis allí dejándoos la voz y dando palmas como si no hubiera un mañana, no sabéis lo que supuso veros en ese momento. Me recogisteis del inframundo para ponerme de nuevo en el asfalto a exprimir lo que me quedaba. El muro desapareció. Si alguien piensa que esto no hace del running un deporte de equipo, es que no ha entendido nada.

Pero lo que remató el fin de semana e hizo esta fecha única fue el reto #42kmcorriEMdo de mi amigo Eric. Lo que hizo no se puede describir con palabras. Si una maratón es de por sí un reto importante, prueba a hacerlo empujando una silla. Y, por si no fuera poco, marcándote un tiempo objetivo, nada desdeñable, de 3h30. El bicharraco de Eric lo hizo. Llevó a su madre, con Esclerosis Múltiple, desde la línea de salida hasta la línea de meta en 3h23 con el objetivo de dar visibilidad y recaudar fondos para combatir su enfermedad. Unos pensarán que los gritos incesables de "¡Vamos Silvia!" que nos acompañaron dese el público durante toda la carrera fueron los que le dieron las fuerzas. Otros pueden pensar que ver a su padre, Rafa, animando prácticamente en cada esquina fue el causante de la proeza. También se pensará que la escolta y el apoyo de cuatro amigos durante los 42 kilómetros puso su granito de arena. Pero yo sé que toda la fuerza necesaria salía de ese impresionante corazón que tiene. Tenía el objetivo en mente, lo hacía por su madre y nadie se lo iba a quitar de la cabeza. Jamás se me borrará de la memoria haber vivido tan de cerca esta proeza.

Ahora toca descansar unos días y empezar a pensar en el siguiente trimestre del año: seré liebre de 1h35 en la Media Maratón de Madrid, participaré en la carrera Stop SanFilippo, después vendrá mayo y sus tradicionales 10k como la carrera del Agua y la carrera Liberty. Y para abrir el verano... ¿he oído triatlón? Quién sabe.

#enjoyyourrun


escrito por
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Juan Martín

Ingeniero de Telecomunicaciones de Madrid


Club: Coentrena
Entrenador: Oscar de las Mozas

Mis disciplinas
Media maratón Maratón 10 km

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