Seré sincero: me cuesta mucho participar en una carrera sin ir a darlo todo. Pero con la maratón a tan solo una semana no es bueno vaciarse en un recorrido de 20 kilómetros con perfil "divertido". Así que desde antes de viajar a San Sebastián me lo planteé como se debe plantear una Behobia de verdad: un fin de semana con los amigos, visitando la ciudad más bonita de España, disfrutando de su gastronomía, de sus paisajes y, por qué no, también de su txirimiri. Por supuesto, disfrutando también de la carrera en la que participamos once amigos: seis corriendo y cinco animando. Y todos íbamos a disfrutar de la esencia Behobia.

Y la esencia Behobia comienza el sábado por la tarde, con el estómago lleno de pintxos tras un circuito llano por el casco viejo de la ciudad. Se siente según te acercas al Kursaal a por la bolsa del corredor. Se escucha en cada comentario que destaca sobre el bullicio general: "¿Y de qué cajón sales?". "Pues dicen que este año somos 35.000". "Dan lluvia a la hora de la carrera". Y nunca falla el: "Pues tengo un no sé que en el gemelo que no sé yo...".

La esencia Behobia la lleva encima cada voluntario (¡un aplauso para todos ellos!) que nos guía por el interior de la feria. Se observa en cada sonrisa del photocall, todos posando muy felices, en especial los primerizos... aún no habían probado sus cuestas. Y te sorprende en ese momento antes de salir del recinto en el que te encuentras con Raúl Gómez, ese fenómeno que nos hace disfrutar cada semana en su programa Maraton Man.

La esencia Behobia te cala como el frío mientras paseamos por el puerto deportivo de Fuenterrabía buscando restaurante para cenar y teniendo en frente, a escasos metros, la costa de Francia. Se saborea en el plato de pasta para cenar. Se sueña con ella mientras duermes reponiendo fuerzas. Y se vuelve a saborear con los cereales del desayuno.

La esencia Behobia se huele en los alrededores de la salida, mientras calientas por las calles de este emblemático barrio, mientras quedas en la meta con los amigos, mientras ves salir los primeros cajones. Se escucha a la vez que escuchas la cuenta atrás dirigida a tu cajón... hiru, bi, bat...

La esencia Behobia te refresca la cara en forma de txirimiri cuando recorres Irún, cuando te alejas de la ciudad y cuando empiezas a escalar Gaintxurizketa. Se escucha en las palmas de esa afición que, edición tras edición, hacen del ambiente de esta carrera inigualable.

La esencia Behobia te anima en cada escenario de música que te encuentras por el camino. Te dibuja una sonrisa cuando pasas junto al pirata, bandera en mano y el rock'n'roll a todo gas. Y te deja atónito cada vez que te adelanta un corredor descalzo.

La esencia Behobia está presente en Rentería, Capuchinos y Pasajes. Te alivia cuando más lo necesitas, mostrándote el Monte Igueldo al fondo del camino mientras comienza la última pendiente descendente. Y te pone los pelos de punta cuando trazas la última curva en Zurriola y te inundan los aplausos y los gritos de ánimo.

La esencia Behobia es dejarse llevar en volandas por el puente que cruza el Urumea, identificar a tu mujer entre el público y recibir sus palabras de ánimo. Es disfrutar los últimos metros, apretando para recortar unos segundos al crono. Es ese estado de satisfacción cuando cruzas la meta, te cuelgan la medalla y recoges esas piezas de fruta que te has ganado. Es esperar al resto de la cuadrilla en la última recta, gritando sus nombres y grabando sus llegadas. Es revivir con ellos los mejores momentos del día mientras compartes cubiertos en un restaurante del casco viejo, recuperando fuerzas.

Si eres corredor, la esencia Behobia merece ser vivida al menos una vez en la vida.

escrito por
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Juan Martín

Ingeniero de Telecomunicaciones de Madrid


Club: Coentrena
Entrenador: Oscar de las Mozas

Mis disciplinas
Media maratón Maratón 10 km

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