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Las carreras se corren con las piernas, pero las metas se alcanzan con el corazón.

La historia nos ha enseñado muchas veces que un puñado de hombres con coraje y arrojo son capaces de enfrentarse a ejércitos numerosos sin alma...y ganar. Porque el corazón mueve montañas. Porque sin corazón no somos nada.

En el Campeonato del Mundo del pasado sábado 24 de marzo en Valencia fallaron muchas cosas. Pero fundamentalmente me falló el corazón. No en sentido literal, menos mal, pero sí el alma. Me faltó el amor… el amor y las ganas por correr. Un día “malo” lo tiene cualquiera ¿no?

Nos encanta escribir en redes sociales que correr siempre es maravilloso, que llegamos siempre a las metas que nos proponemos (logrando mil objetivos, cada cual más difícil), que cada vez nuestros tiempos son mejores, que somos rápidos y que nos sentimos maravillosamente siempre). Y no siempre es así. Es más, casi nunca es así. Pero de los pequeños fracasos no nos gusta hablar.  

Mucha gente que empieza a correr lo deja porque cree que sus sensaciones no son las mismas de los que llevamos corriendo muchos años y publicamos a los cuatro vientos siempre que podemos. Te dicen eso de “Es que yo cuando corro sufro muchas veces” o "hay veces en que no apetece". Claro que sí. Muchas veces.   

Salir a correr no es fácil. Muchas veces no apetece. Hace frío…o calor. Es muy pronto…o demasiado tarde. Hay días que las piernas no van, simplemente. Pero pocas veces hablamos de eso.

La gente no cuenta en las redes sociales o a sus amigos que ha discutido con su pareja. Tampoco nos gusta hablar de los entrenamientos o de las carreras que fueron mal. Sí, de aquellas en las que tuvimos que parar o ponernos a caminar o de aquellas en las que simplemente nos quedamos sin fuerzas (o sin ganas) para llegar a meta. En las que simplemente nos fallaron las piernas…o el corazón. Porque creedme que ambas cosas cuentan y ambas cosas deben quizá entrenarse.

Como os decía, el pasado sábado en Valencia, voy a reconocerlo, me falló el corazón. Un pequeño detalle. He de admitir que salí un poco extrañado de correr una Media Maratón por la tarde. No es lo más normal. Pero salí con ganas de hacerlo bien. Aunque los primeros kilómetros fueron razonablemente bien y dentro de lo esperado (en los tiempos previstos, segundo arriba, segundo abajo) me hundí en el kilómetro 9. ¿Cuál fue el motivo?

Os parecerá una tontería, pero ahí iba a estar Cristina para darme fuerzas y es algo que, personalmente, me hace especialmente ilusión siempre. Muchas veces nuestras parejas, familiares o amigos no llegan a entender lo importante que es su aliento en las carreras. Y creedme que lo es. Si corres, seguro que ya lo sabes. Y si eres uno de aquellos que “nos soporta” cada fin de semana, deberías saberlo.   

De hecho, mirando el Strava después de la carrera, puede verse perfectamente que el kilómetro 8 fue mi kilómetro más rápido de la carrera…con mucho. Corría fuerte y con ganas. Pero al llegar al cartel del kilómetro 9… Cristina no estaba. “Bueno, no pasa nada, ya sabías que muy probablemente no llegaría a tiempo a este punto” me decía a mí mismo mirando de un lado al otro con la cabeza. “No pasa nada, estará en meta esperándote como siempre”.

Pero lo cierto es que Cristina no pudo llegar a tiempo –aunque me consta que lo intentó, como siempre- y a partir de ese momento mis piernas dejaron de ir bien y empecé a no encontrarme “fino”, a correr “sin ganas”. Los segundos por kilómetro aumentaron poco a poco desde entonces a medida en que el cielo valenciano empezaba a oscurecerse en el horizonte.

Pensé mucho en el hotel las horas siguientes en lo que me pudo pasar esa tarde y concluí, simplemente, que me faltó amor. No encontré ese beso, ese abrazo, esa palabra de aliento y ese empujón que esperaba con ilusión cuando más los necesitaba y eso, simplemente vació mi alma y, a la postre, acabo con las fuerza de mis piernas en el kilómetro 9. Y así corrí el resto de los 12 kilómetros de la carrera sin corazón y sin fuerzas. Sin ganas de correr. Tirando de oficio y de experiencia. Porque hay partidas que hay que luchar para, al menos, forzar las tablas.

Me encanta correr y ya tengo ganas de volver a correr la siguiente carrera la próxima semana (Media de Madrid). Porque este deporte es como una novia con la que un día te puedes enfadar y separarte un tiempo... pero de la que sabes que estás profunda y perdidamente enamorado.

 “Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.  Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.” (Carta de San Pablo a los Corintios)  

escrito por
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Gonzalo Rincón de Pablo

Abogado / Asesor Fiscal de Madrid

Club: ASICS Frontrunner / Gacelas de Madrid / Coentrena

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