Mis inicios en el running y sensaciones vividas en mi primera 10k.

Hace 3 años empecé a correr. Estaba en el gimnasio y vi salir al grupito de corredores a hacer su salida de cada martes, no era la primera vez que los veía, ya que coincidía con ellos habitualmente. Pero ese día algo diferente debió pasar y me pregunté si sería capaz de correr una 10k. A los pocos días estaba hablando con un entrenador y me puse manos a la obra. Mi primera 10k sería la San Silvestre. Lo que no sabía es que 15 días antes y con dos días de preaviso correría la que sería realmente mi primera 10k, la “Pujada a la Seu Vella”, una de las carreras más populares de mi ciudad. El recorrido transcurre por las calles de Lleida y el Parc de la Mitjana pero el punto distintivo es que empiezas y terminas en la antigua catedral, desde donde tienes una panorámica de toda la ciudad. 

Recuerdo perfectamente ese domingo 14 de Diciembre. Me levanté, subí la persiana de mi habitación y allí estaba nuestra querida niebla. En ese momento me pregunté quien me había metido en ese marrón, cosa que me sigo preguntando cada domingo cuando tengo carrera. Salí dirección al gimnasio donde habíamos quedado todos los corredores y allí me calme un poco al ver que todos los demás, independientemente del número de carreras y de los km que llevaban encima  también estaban con esos nervios previos en el estomago. Subimos a la Seu, cuenta atrás y a correr se ha dicho.                                                                                                        

Los 9 primeros km fui haciendo, trotando tranquilamente, pero mi cabeza estaba pensando en los últimos 800 m de subida, y una subida de las bonitas. Entras en la parte vieja de la ciudad, por la calle Cavallers y subes y subes y subes hasta que ves la entrada a la Seu, pero ahí no termina, aún tienes que subir el último tramo antes de ver el arco de la meta. Esta parte, aunque la peor en cuanto al desnivel, es la mejor en cuanto a ambiente y en como la gente te anima cuando ve que vas a parar en medio de la subida. La verdad es que te dan alas para poder cruzar la meta.                                 Y eso fue lo que me sucedió a mí. Cuando creía que no podía más una cara amiga me anima a seguir y cruzar corriendo la línea de meta.                         La sensación, a los corredores no tengo que explicárosla, y a los demás solo deciros que es una sensación única e indescriptible que revives en cada una de las carreras que haces. Aunque obviamente al ser la primera fue la más especial.

 

 

escrito por
portrait

Montse Vilà Oliva

Farmacéutica de Lleida


Club: Ekke

Mis disciplinas
10 km Media maratón Yoga / Pilates Boxeo Entreno funcional Bailar

Más blogs