COMPARTE
Todos los corredores populares guardamos en nuestro particular álbum de fotos mental el recuerdo de muchas cosas y de numerosos momentos que este deporte nos ha brindado. Como con todo en la vida, uno siempre recuerda “la primera vez” de cada cosa (en este caso, la primera carrera, la primera maratón y/o media maratón, las primeras zapatillas, etc.).

Recuerdo, por ejemplo, la primera vez que corrí 10 kilómetros. No, no me refiero a la primera vez que “competí” en un 10 Km popular (lo que pasaría meses después y luego muchas veces más), sino la primera vez que corrí 10 km “sin pararme”. Algo, ahora tan relativamente normal para tantos corredores populares en su día a día, en su momento me parecía una misión imposible; un reto inalcanzable que solo estaba al alcance de la gente que “hace deporte de verdad”. Yo siempre fui un “niño gordito” al que la profesora de gimnasia regañaba por arrastrar los pies y arquear los hombros al correr (estilo que sigo conservando, muy a mi pesar) y siempre había pensado que eso de correr era la cosa más aburrida, tediosa y desagradable del mundo.     

Mi "hazaña" se produjo en un mes de agosto -de ya hace demasiados años- cuando, después de quitarme bastantes kilos de encima durante el año anterior, me “dio por correr” (como me decían entonces). Correr era algo nuevo para mí (y, en general, no era algo tan normal en la sociedad como lo es ahora) y también nuevo para todos los que me rodeaban (amigos, familia, etc.) que, cada día que me ponía las zapatillas, me miraban con una especie de sorpresa e incredulidad.

“¿Correr, tú, Gonzalo? Quien te ha visto y quién te ve. Venga, anda...”.

"¿Cuánto te va a durar esta tontería de correr? Si es que cuando te da con algo…A ver cuando te cansas y te da por otra cosa" 

“Al final te vas a hacer daño. Nunca has corrido y ahora te da por ahí. Tu cuerpo no está preparado para correr”.

“¡Si correr es de cobardes!”

Así que una tarde a la hora de la siesta, sin atreverme a decírselo a nadie (por si intentaban desanimarme o se reían o por si fracasaba en mi intento), salí a trotar por el paseo marítimo de la ciudad donde estaba de vacaciones con el firme objetivo de alcanzar la mágica cifra de 10 kilómetros. Imaginaos: 35 grados en el termómetro a las cinco de la tarde, humedad del 90%, ropa de algodón y…¡zapatillas de baloncesto! (sí, las típicas hasta los tobillos y con cámara de aire transparente y todo). Oye, que si unas zapas “molan” y sirven para saltar “a por el rebote”, seguro que sirven también para correr con ellas (¿no?).

Cuando alcancé el lugar donde habitualmente me daba la vuelta corriendo y tomaba el camino de vuelta a casa dude un segundo, pero decidí simplemente…continuar. Dejarme llevar. Sin pensar en nada más. A ver qué pasaba. Como dice la canción “pasito a pasito, suave suavecito…”. Fui descubriendo nuevas calles por las que nunca había pasado, nuevos puentes que nunca había traspasado y nuevas cuestas que nunca había “sufrido”. Cada vez más lejos de mi habitual “zona de confort” y de “casa”.

¿Llegué? ¡Claro que llegué!. Con los pies destrozados (sin casi poder caminar), deshidratado, roto, muerto, pero, con el orgullo por las nubes…llegué. ¡Había conseguido correr 10 kilómetros seguidos “sin parar”! ¡Era invencible! Llamada a mi novia ("¿donde estás, que me tienes preocupada?), a mis amigos, a mis padres, entrada en el Facebook que por esas fechas usaban cuatro gatos (todavía no utilizaba Twitter e Instagram creo que ni existía). Luego, claro, me olvidé de que cuando uno corre 10 kilómetros en línea recta tiene que volver, así que tuvieron que venir a recogerme (y ya de paso, fuimos a cenar para celebrarlo).

Ese día algo dentro de mi “cambió” y también aprendí muchas cosas. Aprendí que si se quiere, normalmente, se puede; que el esfuerzo normalmente tiene su recompensa; que a la gente “normal” le importa poco que corras 2, 5 o 10 kilómetros y que les llames para decírselo (o que lo publiques en las RRSS) porque correr es, en el fondo, un compromiso tuyo contigo mismo; que correr es un deporte físico pero también mental; que para practicar este deporte “necesitamos” que los que nos rodean entiendan que “estamos locos” (y sufran y toleren nuestras “locuras” con mucho amor y estoicismo) y, entre otras cosas, y para que engañaros, que para correr “en serio” necesitaba urgentemente unas buenas zapatillas -en su momento, fueron unas maravillosas Nimbus 12 doradas- , porque después de mi “pequeña hazaña” no pude mantenerme en pie durante un par de días (¡malditas zapatillas de baloncesto “supersónicas”!).     

El año siguiente fue el año en el que “el running” cambió literalmente y completamente mi vida (y lo sigue haciendo cada día). Conocí a gente maravillosa en este “mundillo” con la que compartí enormes momentos (aun hoy) desde entonces y he vivido increíbles momentos y experiencias. A los pocos meses me hice miembro de las “Gacelas de Madrid” (de donde viene mi apodo –ya grabado a fuego en mí- de “Gacela de Retiro”). Luego llegaron miles de anécdotas, cientos de carreras populares y, entre otras cosas, 11 maratones). 

Pero bueno, esto, como dicen, ya es “otra historia” (que ya os iré contando).

Si quieres cambiar tu vida y no lo haces ya, ¡sal y corre! 

Gonzalo Rincón de Pablo (@gaceladeretiro)

escrito por
portrait

Gonzalo Rincón de Pablo

Abogado / Asesor Fiscal from Madrid

Club: ASICS Frontrunner / Gacelas de Madrid / Coentrena

MIS DISCIPLINAS
half_marathon ultra_marathon trail olympic_distance_triathlon 10k marathon
MIS DISCIPLINAS
half_marathon ultra_marathon trail olympic_distance_triathlon 10k marathon

ASICS
FRONTRUNNER

En Instagram