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El respeto al maratoniano es uno de los valores más admirables del atletismo profesional y popular

Hay un momento inolvidable en el Maratón de Madrid que se produce en la separación de las dos carreras principales en la calle Serrano (este año, en el kilómetro 17). Los corredores de la Media Maratón, que ya enfilan confiados los últimos kilómetros de bajada hasta la meta, reducen su ritmo para aplaudir y vitorear a los maratonianos que giran a la derecha en el puente de Juan Bravo camino de la temida Casa de Campo (y más allá, de la todavía lejana meta del Paseo del Prado). No hay nada establecido. Nadie lo ha comentado antes ni es una “tradición que hay que cumplir”. No. Es un aplauso espontáneo que sucede SIEMPRE. Se llama RESPETO. Respeto y admiración al coraje y a los “huevos” de los maratonianos. Porque, aunque muchos aún no lo saben, es en esos 25 kilómetros que aún les falta por recorrer donde los maratonianos vivirán la verdadera grandeza (y el verdadero infierno) de esta carrera de locos. Lo que ha pasado hasta ahora ha sido un simple calentamiento. Quien ha corrido un maratón lo sabe.

Para un corredor habitual y medianamente entrenado correr un 10K es algo “trivial y habitual” y, con algo más de entrenamiento, correr una Media Maratón (y simplemente terminarla, claro) no supone demasiado esfuerzo. No obstante todos estamos de acuerdo en que un maratón es “diferente”. Es clásica la frase de que “un maratón es mucho más que dos medias maratones”. Y es clásica porque es cierta.  

Es raro el corredor que lleve la cuenta de todas las carreras que ha corrido, pero más raro es el maratoniano que no sepa cuándo y dónde corrió todos y cada uno de sus maratones y no te cuente las mil y una anécdotas que vivió en cada uno de ellos. ¡Incluso atesoramos sus dorsales y medallas! Porque el maratón es, amigos míos, como una novia que amaste con locura pero que también te partió el corazón en dos. Jamás podrás olvidarla. Una novia con la que quedaste varias veces por semana, lloviera, tronara o hiciera sol, que te obligó a no salir “de copas” con los amigotes y que te cambió ese perfecto plan de vacaciones que tenías para el verano.

El maratón exige del corredor un respeto y una dedicación muy por encima de lo normal (casi una “obsesión”). Por eso el maratoniano, como la novia cuando llega el día de su boda, merece RESPETO y PROTAGONISMO, al menos, por un día.

Y al igual que no se celebran bodas junto con comuniones, no es normal, en mi opinión, celebrar un maratón junto con otras carreras “menores” como sucede en el Maratón de Madrid. No es el momento ni es el día. Un Maratón que se precie de verdad debe RESPETAR al maratoniano, cuidarle, mimarle y poner el foco de atención en él y solo en él. Por mucho que en la meta no se acumulen 30 mil corredores y salga menos bonita “la foto”. Por eso espero que el Maratón de Madrid algún día lo haga.

El domingo pasado yo no fui un maratoniano. No estaba preparado esta vez. No me atreví, quizás, y por eso corrí la Media Maratón.

Pero sí me paré en ese kilómetro 17 (y más tarde en la meta) para aplaudir a los verdaderos protagonistas del día y a mostrarles mi profunda admiración y respeto. Bravo por ellos. 


escrito por
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Gonzalo Rincón de Pablo

Abogado / Asesor Fiscal de Madrid

Club: ASICS Frontrunner / Gacelas de Madrid / Coentrena

MIS DISCIPLINAS
half_marathon ultra_marathon olympic_distance_triathlon 10k marathon trail
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