Creo que siempre me han gustado los retos. Mejor dicho, creo que siempre he necesitado tenerlos.

Una de las cosas que más me gusta del trabajo de programadora es la de tener que lograr cada día algo que, a priori, parece imposible. Tener que enfrentarme a retos nuevos cada día.

No lo sé explicar, pero soy una persona que tiende a huir de la rutina, que se aburre fácilmente, así que tener nuevos retos es la mejor forma de mantenerme motivada, pero también de obligarme a salir de mi zona de confort y, de alguna forma, seguir esforzándome, superándome, y obligarme a no rendirme. Y ya no os hablo de la satisfacción de lograr algo que, para ti, era totalmente impensable horas antes…

Sin embargo, si hay algo ha caracterizado mi relación con el running desde que me puse unas zapatillas por primera vez, ha sido las de tratar de ser indulgente conmigo misma. Paradójicamente, en un mundo en el que la mayoría de la gente se deja llevar por “retos” diarios en forma de números, tiempos y distancias… yo no aspiraba a nada.

Probablemente, he sido siempre consciente de que el verdadero reto, en mi caso, era sacar cada día tiempo de donde no lo había para salir a correr, el de situarme (muerta de miedo) en una línea de salida cada domingo, el de no dejarme vencer por la pereza, el de seguir teniendo ganas o el de no escuchar las voces de quienes trataban de convencerme de que no tenía necesidad de complicarme más la vida añadiendo el “running” a mi, ya de por sí, endiablada agenda.

Consciente de mis limitaciones y tratando de buscar siempre la parte buena y disfrutar de cada kilómetro, estoy orgullosa de haber pasado dos años corriendo sin presión. Ello me ha llevado a verle el lado emocional a este deporte, a conocer gente que empezaba como yo, a correr siempre con una sonrisa y a perdonarme la vida a mi misma si un día no podía entrenar o determinada carrera no salía bien.

Sin embargo, desde hace unos meses, algo dentro de mí me decía que podía ir un poquito más allá… que podía y que quería.

Ello no significaba mejorar los tiempos o correr distancias mayores como un maratón que no está (ni estará en mucho tiempo) en mis planes.

Se trataba de MEJORAR. De aplicar esa frase que tantas veces me repito a mi misma cada día: “Si lo haces, hazlo bien”.

Así que después de unos meses en los que, casi sin querer, el destino me puso delante muchos kilómetros en forma de tres medias maratones en tan sólo 5 semanas, me di cuenta de que llevaba demasiado tiempo saliendo a correr sin rumbo y necesitaba ir un paso más allá.

Ese paso, insignificante para muchos, pero enorme para mi, era la de contar con la ayuda de un entrenador y tener, por fin, una hoja de ruta que seguir al pie de la letra.

No cambiaría por nada estos dos años atrás de improvisación constante, dos años de “recalcular ruta” casi a diario, porque la agenda, los quehaceres diarios y este caos en el que vivo inmersa, podían haberme obligado a quedarme en el sillón (de hecho hubiera sido lo más sencillo) y, gracias a esa improvisación, he podido seguir corriendo y no abandonar.

Además, de alguna forma, esos kilómetros, pese a ser sin rumbo, me han hecho crecer, como corredora y como persona, me han enseñado muchas cosas sobre mí misma y, sobre todo, me han obligado a ver que soy capaz de más de lo que hubiera imaginado. En todos los aspectos.

Desde hace un par de semanas me he puesto en manos de un entrenador. De un experto que sabe lo que yo, ni sé, ni tengo tiempo de aprender, y seguir una hoja de ruta que me vuelve a enfrentar a lo que más me gusta: a un nuevo reto cada día.

Creo que, a partir de cierto punto, es mejor contar con un profesional que te guíe, evalúe y corrija. Que una cosa es salir a correr un ratito por diversión y otra cosa es hacer series o entrenamientos más serios y de mayor calidad a lo loco y sin rumbo.

Lo primero que me pregunta la gente cuando le hablo de esta nueva etapa es

- “¿Cuál es tu objetivo? ¿Para qué prueba te vas a preparar?”

- “Ninguna” – contesto yo – “Tratar de mejorar, hacer las cosas bien. Sufrir menos y disfrutar más”.

Y de eso se trata. Ni más ni menos. De hacer las cosas bien, de no parar y de esforzarme cada día un poquito más. Sin prisa. Sin querer llegar a un tiempo determinado o a una competición en concreto.

En estas dos primeras semanas, admito que ha costado encajar entrenamientos en la agenda. Pero también os puedo asegurar que las cosas siempre son más fáciles de lo que parecen.

Poquito a poco estamos trabajando la base y aunque en los últimos 15 días he logrado batir mi marca personal en 10k en dos ocasiones, seguir siendo prudente, y hacer la cosas bien, despacito y con buena letra. Paso a paso. Peldaño a peldaño. Porque de eso trata precisamente esta nueva etapa: de tener nuevos retos, de mejorar despacito y de descubrir que, una vez más, soy capaz de más de lo que creo. Como lo somos todos.

 

escrito por
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Susana Garcia

Programadora de Pozuelo de Alarcón, Madrid

Grupo de edad: 45
Club: ASICS FRONT RUNNER
Entrenador: Jesús Antonio Nuñez (NuñezRun)

Mis disciplinas
Entreno funcional Boxeo Media maratón Estiramientos 10 km Fitness

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