Me encanta participar en carreras solidarias. El ambiente que se respira es especial, tiene algo diferente al resto de pruebas. Debe ser el fin solidario, que despierta lo mejor de nosotros. O quizás sea el ambiente familiar, que prevalece por encima de la competitividad propia de la carrera. Tal vez sea por las carreras infantiles, que ponen la guinda a una mañana llena de emociones. En cualquier caso, yo las vivo de manera diferente.

El pasado domingo participé con Pat, mi mujer, en la carrera que organizaba la Fundación Stop Sanfilippo. Desde la recogida del dorsal se notaba el mimo con el que se organiza esta carrera. El lugar era la Parroquia de las Tablas. Allí se encontraban los voluntarios, siempre con una sonrisa en la cara, repartiendo dorsales y resolviendo dudas. Al lado de las mesas, en una gran pancarta, les acompañaba el simpático icono de la fundación que también estaría impreso en la camiseta. Como en sus 6 ediciones anteriores. 

A la mañana siguiente el barrio madrileño de las Tablas tenía otro color. No está acostumbrado a tanto movimiento un domingo a esas horas tan tempranas. Cuando llegamos a las 8h15, el speaker ya llevaba un rato desperezando a los corredores (y familias) más madrugadores. Destacaba entre todos el arco de salida y meta. En el costado se podían ver varias carpas y un escenario para la entrega de trofeos. El recorrido perfectamente marcado en esta zona y delimitando correctamente las tres modalidades que ofrecía: 10k, 5k y la marcha no competitiva. La carrera va creciendo año a año y, a pesar de contar con "solo" 457 y 760 finishers (en 10k y 5k respectivamente), tiene detalles de carrera "grande". Un 10 para la organización. 

En cuanto a la competición, algo secundario en este tipo de eventos, Pat y yo participamos en la distancia de 5k. Era la segunda vez que hacíamos esta carrera, así que ya nos sonaba el recorrido (y sus cuestas). La primera, en 2016, fue una de sus primeras carreras y la acompañé y animé durante todo el camino. Esta vez dejé que volara sola... y sí que voló, sí. ¡Hizo su mejor tiempo en esta distancia! 

Su premio, y el de todos los participantes, fue disfrutar de un avituallamiento final espectacular, con rajas de sandía y piña cortada; una animación de primer nivel, con familias enteras animando, con música en la llegada y con un speaker incombustible; la posibilidad de recibir un masaje de mano de fisioterapeutas profesionales... Una vez relajados, llegó la mejor parte de la mañana para mí: decenas y decenas de niños, separados por categorías, dando sus primeras zancadas en el atletismo mientras perseguían a un payaso. Todos con el dorsal número 1 y con una medalla como recompensa a su esfuerzo. Y si alguno se portaba mal, ahí estaban las fuerzas imperiales para mantener todo bajo control (foto de Juan Carlos Marcos). Un fin de fiesta magnífico.

Tengo claro que volveré a repetir.

#enjoyyourrun

Para los que no lo conozcáis, el síndrome de Sanfilippo es una enfermedad genética que afecta a niños y cuyos síntomas se detectan entre los 2 y 6 años. Provoca retrasos en el desarrollo, dificultades en el habla e infecciones respiratorias, entre otros. Se considera enfermedad rara, ya que afecta a menos de 1 de cada 50.000 habitantes. La fundación Stop Sanfilippo recauda fondos para fomentar la investigación contra el síndrome, mejorar la calidad de vida de los niños afectados, asesorar a las familias y difundir el conocimiento de la enfermedad. Podéis encontrar más información y ayudar en su página web: http://www.stopsanfilippo.org


escrito por
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Juan Martín

Ingeniero de Telecomunicaciones de Madrid


Club: Coentrena
Entrenador: Oscar de las Mozas

Mis disciplinas
Media maratón Maratón 10 km

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