Ha llegado el hueco de la tarde reservado para tu rodaje. Es el momento de trotar, encajado entre tus mil y un quehaceres diarios, y no hay minuto que perder. Estás preparado: zapatillas atadas, llaves en el bolsillo, banda cardiaca en el pecho, enciendes el iPod... y no hay batería.

En mi trayectoria de corredor popular, entrenamiento y música siempre han ido de la mano. Sin duda, ayuda a conseguir un extra de motivación para vencer la pereza de salir a correr y para continuar activo con el ritmo deseado durante el entrenamiento. Desde mis inicios en este deporte no me he separado de los auriculares. Especialmente al principio, cuando actualizaba mi lista de reproducción prácticamente cada semana con nuevos descubrimientos que pudieran inyectarme ese punto de estimulación adicional. Incluso para las carreras elegía minuciosamente qué canciones iban a sonar y en qué momento.

Es muy fácil acostumbrarse a esta compañía que, además, te ayuda a mantener la cabeza en otro foco cuando el cansancio empieza a aflorar. Y no lo vamos a negar, todos tenemos un tema especial que nos levanta el ánimo y nos emociona lo suficiente como para alcanzar a Usain Bolt en un sprint (quizás he exagerado). Incluso algún compañero de asfalto afirma que lo óptimo es seleccionar música con un ritmo determinado (bpm o pulsaciones por minuto) para que te ayude a sincronizar y mantener constantes tus zancadas. No hay duda de que esto de combinar ambas disciplinas, música y ejercicio, tiene ventajas significativas.

Pero, ¿qué pasa cuando te toca una tirada larga y tu reproductor (iPod, móvil u otros) no tiene batería? No te vas a quedar en casa protestando, ¿verdad? No hay otra opción más que salir. Esto me sucedió no hace mucho tiempo y, lo que se anticipaba como un largo y pesado entrenamiento en silencio, resultó ser hasta gratificante.

Se trataba de una tirada larga de en torno a dos horas de duración, de ahí mi bajón al darme cuenta que lo iba a hacer sin música. Pero rápidamente le vi la primera ventaja: aunque en estas tiradas controlo la intensidad por pulsaciones, es muy fácil emocionarte y sobrepasarte cuando estás atento a la música que te acompaña. En este nuevo escenario, la distracción desaparecía. Desde el primer kilómetro noté este control, era mi cabeza la que mantenía el ritmo de manera constante, no dependía del estribillo de ninguna canción externa.

Despues de remontar el primer escalón hacia el optimismo, me fui volviendo más consciente de lo que sucedía dentro de mi cuerpo: el ritmo de la respiración, el movimiento de los brazos, la flexión de la planta del pie al apoyar y levantar, la cadencia de mi zancada, la mirada mantenida al frente... No había distracciones, y ese conocimiento de lo que está pasando internamente te ayuda a corregir los desvíos posturales que cometes, a regular tu ritmo si aparecen los primeros momentos de fatiga, a adecuar tu respiración en los cambios de velocidad... La ausencia de música externa te da más concentración y más control sobre la actividad de manera interna. Eres más consciente de lo que estás haciendo, de las sensaciones que tienes dentro.

Por supuesto, no somos máquinas y no siempre tenemos el bidón del ánimo a rebosar. La música tiene un papel importante en la motivación y en las emociones, además de servir perfectamente de desconexión cuando solo quieres correr por desconectar y pasar el rato. En mi caso sigo utilizando música en mis entrenamientos pero hay días en los que pruebo a salir sin su compañía. Especialmente en las carreras, donde la motivación ya viene de serie y es importante escuchar las sensaciones de tu cuerpo.

Y tú, ¿corres con música? ¿o también te ha dejado de aterrar que se te acabe la batería del iPod?

escrito por
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Juan Martín

Ingeniero de Telecomunicaciones de Madrid


Club: Coentrena
Entrenador: Oscar de las Mozas

Mis disciplinas
Media maratón Maratón 10 km

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