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El ayuntamiento de Quicena y Podoactiva, apoyados por varias empresas locales y con la colaboración de clubes oscenses, organiza un fin de semana de eventos competitivos para ensalzar la figura del Castillo de Montearagón, donde el plato fuerte es el Trail.

Quicena es un pequeño pueblo en las proximidades de la ciudad de Huesca. De hecho, la toponimia de su nombre viene de la referencia romana de que estaría ubicado a cinco millas romanas de la capital (Osca). Esta proximidad con la ciudad ha favorecido que haya multiplicado su población en las últimas décadas. Pero más que por su pasado romano marcado por la proximidad de la Vía Ilerdense y el río Flumen, la villa de Quicena destaca por su pasado medieval. En plena reconquista, el incipiente reino de Aragón pretende anexionar los territorios musulmanes que controlan las fértiles llanuras de la Hoya de Huesca y construye el Castillo de Montearagón. La importancia de este castillo, primero como tal, y más tarde como abadía, sería notable. Quicena, desde el año 1086 pertenece a los dominios del Castillo de Montearagón, y desde entonces su silueta domina el paisaje de la localidad. Sin embargo, los tiempos de esplendor del castillo quedaron en el olvido y el tiempo y la acción humana hicieron el resto; hasta quedar en un estado deplorable. Hasta la fecha, las instituciones han dejado pasar el tiempo para que, legislatura tras legislatura, nadie tome la iniciativa de una inversión y restauración de las ruinas. Sin embargo, el ayuntamiento de Quicena quiere resaltar la importancia de este monumento y organiza todo un fin de semana repleto de actos deportivos.

El plato estrella de estos actos deportivos es el Podoactiva Medieval Trail que en este 2019 ha cumplido su tercera edición, y que paso a paso, ha ido creciendo en distancia, voluntarios y tecnicidad del circuito. Esta edición contaba con dos distancias, de 10 y de 21 km con un altísimo porcentaje de senderos en ambas opciones.

Aunque el entorno no es de alta montaña, ni mucho menos, el terreno es duro y técnico. No se acumulan más de 550m positivos en la media maratón; pero tanto la subida al castillo, como el cresteo posterior, provocan que las piernas del corredor tengan la sensación de explotar.

El paso por el castillo es realmente espectacular, con voluntarios recreando vestidos medievales. Pero lo que hace que el participante se transporte a 1000 años atrás, es la ambientación en las calles de Quicena. Su mercado y su taberna medievales son interesantes, pero la animación musical del grupo Lurte, hicieron que participantes, vecinos y acompañantes, pasaran una jornada inolvidable.

Por si el propio terreno no fuera suficiente para hacer sufrir a los más rápidos, la organización propone un premio especial al más rápido en el segmento de 1,5km de ascensión al Castillo desde el “Barrando Hondo”. Una subida realmente explosiva para los más valientes.

En lo personal, el conseguir el tercer puesto en la clasificación general fue lo mejor de la jornada. Ese buen puesto enmascara la realidad, que sufrí muchísimo, que el calor y el terreno me obligaron a levantar el pie y llegar a retrasarme hasta ocupar el séptimo puesto un tramo de la prueba, aunque deseaba abandonar. Hasta en dos ocasiones me paré en sendas que conocía para abandonar y volver a casa. Pero llegó la bajada y me sentí más rápido. En el avituallamiento del kilómetro 10 me hidraté todo lo que me permitía el estómago y la suerte giró de mi lado con una densa nube que tapó el asfixiante sol.

Desde ese momento empecé a coger ritmo y recuperar una tercera posición que pude mantener hasta el final y disfrutar del recorrido.

Magnífica prueba la que tenemos muy cerca de Huesca, porque cuando una carrera se organiza con cariño, eso se nota.

escrito por
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Daniel Cremades Arroyos

Profesor universitario y entrenador de Huesca

Club: Peña Guara

Entrenador: Daniel Cremades Arroyos

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