Venía anunciada como la Media más fría de Madrid. Temperaturas cercanas a los cero grados a primera hora de la mañana. Al menos comienza a las 10 en vez de a las 9: punto a favor de la organización. Es la Media Maratón de Fuencarral-El Pardo. Con estas previsiones cargo la mochila con ropa de abrigo, me pongo mallas (primera carrera que corro de largo) y cojo los guantes por si fueran necesarios.

A 40 minutos del pistoletazo de salida nos encontramos en el ropero los #ASICSFrontRunner que nos hemos atrevido a salir de la cama con la que cae. Hoy tenemos una invitada europea, Julia, compañera de los #ASICSFrontRunner alemanes. Comentamos la carrera, nos hacemos la foto de grupo y nos acercamos al ropero. Al final, sucumbo al miedo al frío generalizado y me quedo con las mallas largas, guantes y braga. Camino de la salida me encuentro con mi amigo Jorge. Nos damos unas carreras calentando (que falta nos hace) y tomamos posiciones en la masa de corredores.

Pistoletazo. Salida estrecha, salgo un poco retrasado. Mucha gente, me cuesta encontrar mi ritmo. Pero pronto empiezan los toboganes y la serpiente multicolor se empieza a estirar. De momento son más hacia abajo que hacia arriba. "Resérvate en los primeros 12k". El consejo que más me han repetido durante esta semana resuena en mi cabeza. Echo un poco el freno en las primeras rampas aunque pronto pierdo esa cordura. Cerca del kilómetro 4 engancho a la segunda mujer. Rueda a ritmo constante a caza de la primera, a la cual vemos a no más de 300 metros. Olvido cualquier consejo. Me encanta competir y me encanta exprimirme, así que me pego a la suela de esta chica. De momento su ritmo me parece adecuado. De momento.

Esta parte de la carrera es de agradecer. Pendientes descendentes, primer avituallamiento, entramos en El Pardo, todavía hay fuerzas... Pero como todo lo bueno en la vida, se acaba pronto. Pasando el kilómetro 10 ya no hay desnivel negativo y las piernas lo notan. Aunque estamos dando caza a la primera mujer, me doy cuenta (tarde) de que no es mi guerra y que, si quiero sobrevivir a las subidas, más vale que me relaje.

Empiezo a replegar y me engancho a otro compañero de viaje. Giramos junto al palacio del Pardo, el aviso de que se acerca la diversión. Todo lo que baja, sube... ¿era así el dicho? Comienzan las cuestas, el sol se ha levantado contra todo pronóstico. Me sobran los guantes y las mallas. Lo primero tiene solución, lo segundo no tanto.

Mi nuevo colega y yo nos vamos alternando en el ascenso. Pasamos los siguientes 7 kilómetros unidos por una goma. Cuando yo tiro, él no se queda atrás. Cuando él tira, consigo aguantar el tipo. Adelantamos a algún descolgado, rendido a las rampas. También nos adelanta una pareja de corredores. Se les ve con fuerza, han previsto bien el terreno, no creo que sean novatos.

Salimos de El Pardo, atravesamos Montecarmelo (¿siempre ha tenido estas cuestas?) y pasamos el cartel del kilómetro 19. Me vengo arriba, ya queda poca tortura. Error. Las cuestas que nos quedan son de las duras, de las que llegan en el momento que menos fuerzas te quedan, de las que van a salir en mis pesadillas de la siesta de esta tarde. ¿Siesta? Bien, al menos la cabeza piensa en cosas positivas. Parece una tontería pero ese pensamiento, el jaleo de la gente que anima y la música de meta que se empieza a intuir me dan el punto que me faltaba para afrontar el último tramo. Al final 1h28, 3 minutos por encima de lo planificado. Visto el perfil y vista mi falta de estrategia, estoy más que contento.

Y es que, como comenta mi compañero César: "Es la carrera de Napoleón. Como no tengas una buena estrategia, vas a sufrir". Y yo añado: "y si la tienes, lo más probable es que también."

Pero eso no significa que no lo disfrutemos.
#enjoyyourrun

escrito por
portrait

Juan Martín

Ingeniero de Telecomunicaciones de Madrid


Club: Coentrena
Entrenador: Oscar de las Mozas

Mis disciplinas
Media maratón Maratón 10 km

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