​ Ritmos, rodajes, marcas, liebres, entrenos, series, fisios, geles... los corredores populares a veces nos dejamos llevar demasiado por nuestra competitividad, nos enfrascamos en nuestra planificación y nos olvidamos de lo importante: correr para nosotros es un hobby. Debemos disfrutar de ese tiempo que nos dedicamos y, ante todo, valorar y agradecer que podamos practicarlo. El pasado domingo, la experiencia vivida en la Maratón de Valencia me lo volvió a recordar: no te obsesiones si no salen los tiempos y DISFRUTA, que los corredores populares estamos para eso.

Kilómetro 37. Mis piernas se acaban de emancipar. Están hartas. Ya no les vendo la moto. Ni con los geles que me había tomado estratégicamente en los kilómetros 15 y 30. Ni con la tregua que les había dado desde el kilómetro 30, bajando el ritmo 5 seg/km. Ni siquiera las seduzco con la idea de bajar de las tres horas. No les importa que mi cerebro esté dando la orden de mantener el paso, han desertado y el ritmo desciende. Supero los 4:30 min/km y las cuentas de la lechera ya no salen.

Con el cántaro derramado y las piernas rendidas, la cabeza empieza a ceder y aparecen compañeros de viaje que no son especialmente agradables: Impotencia, al ver que las piernas no escuchan, no responden. Rabia, al ver cómo poco a poco se agota el colchón de tiempo acumulado. Decepción, cuándo te das cuenta de que el sueño sub 3h se ha acabado.

Pero de alguna manera la coherencia vuelve al cuerpo cuando los puntos kilométricos llegan a la decena del 4. Será porque apuro el último avituallamiento en forma de tragos de agua. Será porque frente a mi se alza el Museo de las Artes y las Ciencias y siento cerca el final. Será por los ánimos del público y de las peñas falleras, las cuales no han dejado de animar ni un momento y ahora se intensifican más todavía si cabe en este tramo. Será por todo este cúmulo de sensaciones, pero el hecho es que vuelvo a disfrutar de la Maratón como lo venía haciendo en sus primeras tres cuartas partes.

Todo empieza a cambiar de color. ¿Dónde está la impotencia? A pesar de la paliza acumulada, mis piernas siguen dibujando zancadas, incesables, bordeando los jardines del Turia. ¿Dónde está la rabia? Custodiado por cientos de corredores y espoleado por toda una ciudad voy camino de terminar mi quinta Maratón. ¿Dónde está la decepción? Orgullo es lo único que siento cuando recuerdo cómo mis padres, mi hermano y mi mujer han hecho su carrera paralela atravesando Valencia buscando los mejores puntos para verme y animarme. Y cuando quedan 195 metros vuelven a surgir de entre el público para darme ese último empujoncito hacia el final...

¡Y qué final! Galopando sobre la alfombra azul que flota a escasos centímetros del agua me vengo arriba por el alboroto de las gradas situadas a ambos costados del estanque del Museo de Ciencias. Envuelto en esta atmósfera no me queda otra que sentirme un afortunado. Afortunado por poder, una vez más, terminar una Maratón. Por haber bajado casi en 20 minutos mi marca. Por poder hacerlo delante de los que más quiero. Por tener amigos que han ido siguiendo mi carrera en directo desde otras ciudades a través de la app. Por todos los mensajes de ánimo de estos días, en especial los de la familia #ASICSFrontRunner. Por tener una salud y unas condiciones que me permiten hacer lo que más me gusta: correr.

Cruzo la meta con los cinco dedos en alto, recojo la medalla y busco a mi familia. Es momento de disfrutarlo.

escrito por
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Juan Martín

Ingeniero de Telecomunicaciones de Madrid


Club: Coentrena
Entrenador: Oscar de las Mozas

Mis disciplinas
Media maratón Maratón 10 km

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