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“Estoy completamente loca” pensé cuando vi a los que serían mis compañeros de carrera antes de empezar… “¿pero yo qué hago aquí?”.

 Meses antes, cuando aún no sabía que correría la Media Maratón de Disneyland Paris sólo tres semanas antes, había leído en Twitter que Oviedo, mi ciudad natal, iba a celebrar su primera carrera de 21k.

Me sonó de lo más apetecible, y sin saber aún nada sobre ella, pensé que sería emocionante correr por mi Asturias del alma, además de una excusa perfecta para visitar a familia y amigos.

Inscrita. Así, sin pensarlo demasiado, que es como salen bien las cosas.

Admito que cuando vi el perfil de la carrera me quedé impresionada. Unas cuestas “endiabladas” y, sabiendo que ese es precisamente mi punto débil en cualquier carrera o entrenamiento, cada vez me parecía más locura presentarme en aquella línea de salida.

A medida que se aproximaba la fecha el pronóstico del tiempo me daba otro “mazazo”: lluvia intensa y frío.

El frío lo llevo bien, pero admito que con lluvia nunca corro. Si la carrera ya estaba muy por encima de mis posibilidades, la cosa se complicaba más aún.

Algún problema de última hora hizo que fuera (aún) más difícil pensar en viajar en coche ese fin de semana… pero algo dentro de mi me decía que tenía que hacerlo. Es difícil de explicar pero era “yo contra el resto del mundo, contra todos los obstáculos” y cuanto más se difícil se presentaba todo, más me pedía mi cabeza intentarlo.

Unas horas antes de la carrera fui a por mi dorsal. A mi alrededor, corredores expertos, todos con alguna camiseta de algún club de atletismo y casi ninguna mujer. 

No me preocupa llegar la última… me preocupa quedarme atrás y estar sola toda la carrera”, comentaba yo a la persona que llevaría el coche escoba y con la que, por mi propio bien, estuve charlando antes de empezar… porque sabía que, teniendo en cuenta que éramos menos de 300 corredores, había muchas posibilidades de quedar la última y, creedme, a mucha distancia del penúltimo... ;)

Las conversaciones antes de empezar giraban entorno a las subidas y sobre todo a una de ellas...  Admito que escuchar a tanta gente hablar de la dureza del recorrido, no hizo más que ponerme nerviosa… pero afortunadamente las ganas podían con todo.

Mientras calentábamos cerca de la salida, escuché un "Susana" y vi a Mónica, una chica que me sigue en redes sociales y que había tenido el detallazo de dejar a sus niños en casa, coger un paraguas y aguantar allí bajo la lluvia sólo para venir a saludarme y desearme suerte. No os imagináis lo que me animó semejante detalle...

Pistoletazo de salida.

Intento no quedarme atrás y ello me obliga a hacer los primeros kilómetros a 5:30, aún sabiendo que esa velocidad era una locura teniendo 21k por delante.

No os voy a narrar cada cuesta, pero os diré que hubo un momento en el que solo rezaba para que no viniera una aún peor.. y mi sensación durante los 21k fue que cuando parecía que no podíamos subir más, aparecía otra subida terrible que me llevaba la contraria...

Aún así logré pasar por el km 10 en 00:59:13 y el km 15 en 01:29:56… un tiempo buenísimo para mi y más teniendo en cuenta que había tenido que parar a caminar en algunas cuestas…

A partir de ahí, confieso que necesitaba bajadas y con cada subida creía morir… sólo me alentaba no quedarme la última (llevaba 12 personas por detrás pero eso no lo supe hasta el final).

En el km 18 una cuesta que se me hizo muy, muy larga. Pero quedaba poco y no entraba en mi cabeza rendirme. Sólo quería que termináramos de subir... Desde entonces, dolor de piernas y sobre todo, cansancio.

Para variar, con los nervios había olvidado poner el cronómetro en la salida (lo puse un poquito antes del km 2) así que no sabía muy bien cuanto quedaba, pero por fin, giramos una esquina y, sin esperarlo, pude ver el arco de meta.


Curiosamente saqué fuerzas para un sprint final y, de repente, escuché un “vamos SuperSu”. Era Irene, una chica encantadora a la que conocí a través de Instagram y que me sacó, además de una sonrisa, un plus de energía enorme.

Crucé el arco de meta y comencé a llorar de la emoción. Una vez más lo había logrado.

No. No sólo había logrado acabar mi 6ª media maratón… esta vez había logrado mucho más que eso.

Así que feliz de haber sido capaz de ponerme un reto tan grande, de haberlo superado y de que además, haya sido en mi tierra, mi Asturias del alma.

Eso sí. Seguro que a Don Pelayo no le costó tanto la Reconquista como a mi subir esas cuestas...

 

escrito por
portrait

Susana Garcia

Programadora de Pozuelo de Alarcón, Madrid

Grupo de edad: 44

Club: ASICS FRONT RUNNER

MIS DISCIPLINAS
Fitness media maratón Estiramientos Boxeo Entreno funcional 10 km
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