
A simple vista, cualquiera que viese las fotos del pasado fin de semana en Arinsal diría que fuimos en busca de rocas técnicas, altura, ácido láctico y mucho cielo. Pero los que conocen de verdad el pulso de este equipo saben que la Skyrace Comapedrosa fue, sencillamente, la mejor excusa posible para volver a juntarnos.
Porque en el fondo, los dorsales se arrugan y las carreras pasan, pero la energía que se genera cuando compartes kilómetros, nervios pre-carrera y risas en altitud es lo que realmente te cambia el paso. Fuimos a Andorra a correr, sí, pero nos quedamos por las personas.
Ese espíritu de piña y comunidad se entendió antes de que sonara el pistoletazo de salida, y el mejor ejemplo no llevaba zapatillas de trail, sino un vendaje. Blanca, con un esguince de tobillo recién hecho días atrás, no dudó en hacerse el viaje hasta Arinsal. No corrió un solo metro, pero se dejó la voz animando en cada curva, demostrando que en la familia ASICS Frontrunner el apoyo mutuo pesa mucho más que cualquier medalla individual.


El equilibrio exacto entre sufrir y disfrutar
Cuando la competición arrancó entre las crestas del Pirineo andorrano, cada uno del equipo encontró su propio reto, peleando en ese filo donde la zona de confort se termina y empieza la magia del trail running.
En la exigente distancia de 24 km y +2.400 m de desnivel, Josu firmó una actuación sobresaliente, luchando por las primeras posiciones y demostrando su gran estado de forma en uno de los recorridos más técnicos del calendario. También en esta distancia, Iván completó una carrera muy sólida, mientras que Carlos volvió a demostrar una enorme capacidad de esfuerzo y perseverancia para superar una jornada de auténtica resistencia.
En los 19 km, Laura mostró una vez más su competitividad peleando entre las corredoras de cabeza, mientras que Anna completó el recorrido disfrutando de cada kilómetro y recordándonos que el trail también consiste en conectar con el entorno y con uno mismo.
La aventura más larga del fin de semana la vivió Suso en la distancia Maratón. Compartió cada subida, cada tramo técnico y cada momento de dificultad junto a su amigo José Ramón Barberá Garrido, demostrando que algunas metas tienen más sentido cuando se alcanzan en compañía. Ambos cruzaron la meta de Arinsal con la satisfacción que solo regalan los grandes retos de montaña.
La rueda de la inercia positiva
Lo que ocurrió este fin de semana en el Comapedrosa no se puede resumir en una tabla de clasificaciones. La verdadera victoria se cocinó en las cenas del equipo, en los abrazos en la línea de meta y en la forma en que nos empujamos unos a otros cuando las piernas ya no querían subir más.
Vivimos una experiencia que va mucho más allá de un resultado deportivo. Estos días de altura y convivencia son los que nos recargan las pilas para seguir inspirando a nuestra comunidad, demostrando que cuando te rodeas de la gente adecuada, entrar en la rueda de la inercia positiva es inevitable. Salir al monte, atreverse con retos que asustan un poco y cuidar de los tuyos es el camino más directo para construir nuestra mejor y más saludable versión.
Nos llevamos trofeos, agujetas de las buenas y el recuerdo inolvidable de haber tocado el cielo de Andorra. Pero, sobre todo, nos volvemos a casa con la certeza de que el running es solo el puente que nos une para seguir compartiendo camino. ¡Nos vemos en la próxima cima!

